Un grupo de jóvenes con armas de fuego espera frente a una gallera en Las Claritas, al sur del estado de Bolívar, Venezuela. Mientras, los locales los visitan para pedirles pequeñas colaboraciones, mediación para dirimir conflictos o para socializar. Aquí las bandas armadas son comandadas por los “pranes”, que no solo controlan la vida cotidiana, sino que están a cargo de las vastas minas ilegales de oro alrededor del pueblo. Muchos de los habitantes que visitan la gallera no reparan en un cartel pegado a la pared que dice: “Las colaboraciones [financieras] están suspendidas hasta nuevo aviso”.