(Waka Noticias 13/05/17) Desde tempranas horas de la mañana, en cualquier sitio de la Avenida Orinoco, se observan grupos que rodean a una persona con una pequeña mesa que contiene tres tapitas, con una pequeña bolita, y que es movida de una manera habilidosa por la persona que centra la atención de todos los presentes, esperando que alguien salga o se motive a apostar dinero a cambio de adivinar donde está la bolita, estableciendo montos promedios de apuesta que oscilan entre 5, 10 y 15 mil bolívares, quedando al asecho el apostador, ya al parecer no es la suerte la que decide quién gana, sino la habilidad del movimiento de las manos del que dirige el juego.
Sin embargo, observando con detenimiento la dinámica del juego, pude apreciar que los transeúntes que se detienen a observar, la mayoría no muestran interés por jugar o arriesgar su dinero, hasta que toma la iniciativa un observador que presumo no es un observador casual, sino que forma parte del mismo juego, quien motiva a los observadores y curiosos a probar su suerte, ya que el que dirige el juego, normalmente deja ganar varias veces a ese espectador para los otros se motiven a probar su suerte. Igualmente pude apreciar que el jugador inicialmente es poco motivado a arriesgar su dinero, por lo que el que dirige el juego, al principio deja ganar al espectador en dos o tres oportunidades, al parecer para que agarre la confianza suficiente y ponga sobre la mesa lo que haya ganado y el resto de dinero que lleva en el bolsillo, quitándole este la suerte que en principio creía tener.
Este tipo de juegos, surge generalmente producto de las crisis, que no solamente son económicas, sino emocional y moral, por lo que el hombre o mujer más habilidoso aprovecha la confianza, la vulnerabilidad del otro para su beneficio y provecho económico.