
Los pueblos indígenas practican culturas y formas únicas de relacionarse con la gente y el medio ambiente. Retienen, además, rasgos sociales, culturales, económicos y políticos que son distintos de los predominantes en las sociedades en las que viven. Pese a sus diferencias culturales, los pueblos indígenas de todo el mundo comparten problemas comunes a la hora de proteger sus derechos como pueblos diferentes.
Según la organización Defensores de Primera Línea, 281 defensores de los derechos humanos fueron asesinados en 25 países durante 2016 por atreverse a defender los derechos de los indígenas, las tierras y el medio ambiente, lo que implica un aumento significativo en comparación con los 185 de 2015 y los 130 de 2014.
Pese a esto, la organización mundial hizo un llamado a los Estados a transformar las palabras en hechos para acabar con la discriminación, la exclusión, la falta de protección, y los conflictos por sus tierras y recursos.
Igualmente, el organismo exhortó a cumplir las normas para la supervivencia, dignidad y bienestar de los pueblos indígenas de todo el mundo, además de garantizar la seguridad de quienes defienden sus derechos.
Por su parte, América Latina ha sido pionera en el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas. Más allá de los derechos de los individuos que los conforman.
Las poblaciones indígenas y su especial relación con el territorio han sido consideradas como sujetos de derechos; son parte de los saberes ancestrales que hemos aprendido a valorar y que son la base conceptual de los instrumentos de gobernanza territorial que la modernidad propone.